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  • Greenpeace felicita la decisión de Navarra de descartar la incineración de residuos

    El Gobierno navarro considera que la incineración no es una alternativa por ser contaminante, cara y generar rechazo social

    Reportaje – marzo 1, 2012

    El Gobierno de Navarra acaba de anunciar que descarta la construcción de una incineradora para tratar los residuos de la comunidad. Los principales motivos para rechazar la incineración de basuras son que es una técnica cara, contaminante y que provoca rechazo social.

     

    Estos argumentos son precisamente los que Greenpeace, junto a otros colectivos navarros como la Compañía de las Tres Erres, vienen esgrimiendo hace años.

    Por ello, Greenpeace felicita a Navarra por su apuesta decidida por la sostenibilidad y la racionalidad en el tratamiento de las basuras, y celebra que se pongan sobre la mesa la realidad que esconde la incineración de residuos. Es evidente que los políticos navarros han sido sensibles a la preocupación que este tema suscita en la sociedad. Esta decisión es un premio al trabajo que todos estos colectivos han venido desarrollando.

    Greenpeace insiste y seguirá explicando, con datos contrastados, como la incineración es la técnica de gestión de residuos más cara, que menos empleos genera y que resulta más perjudicial para la salud y el medio ambiente. En el último informe socio económico sobre incineración publicado por la organización se demostraba, por ejemplo, que reciclar y recuperar materialmente los residuos generaría entre 7 y 39 más empleos que la quema de basuras.

    “Con su rechazo a la incineración, Navarra muestra su clara apuesta por una gestión sostenible de los residuos. Greenpeace celebra la decisión y felicita al Gobierno de Navarra por su valentía. Esperamos ahora que otros Gobiernos autonómicos con proyectos de incineradoras tomen ejemplo y también decidan descartarlas”, ha declarado Julio Barea, responsable de la Campaña de Energía y Residuos de Greenpeace.

     

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  • El león se extingue

    Pocas experiencias hay tan impresionantes como oír el rugido de un león en la inmensa noche africana. Ese sonido que parece brotar de las entrañas mismas de la naturaleza y llenarlo todo es la quintaesencia de África.

    Y sin embargo se encuentra en una situación de peligrosa vulnerabilidad, en el límite incluso de la extinción. «Aunque muchos lo consideren imposible, tenemos que empezar a pensar en un África sin leones muy pronto», advierte Dereck Joubert, una de las personas del mundo que mejor conoce a esos felinos. «Si no ponemos remedio inmediatamente, van a desaparecer, y rápido, en 10 o 15 años».

    ¿Qué amenaza al rey de la selva? «Cinco cosas: el hombre, el hombre, el hombre, el hombre y el hombre», recalca con ferocidad el naturalista. En su opinión, bastaría con 50 millones de dólares – «un precio barato»- para salvar al gran icono de África, del que apenas quedan 20.000 ejemplares, tras ver reducida su población en las últimas dos décadas en un 50 %. Hace medio siglo había 400.000. Pueden parecer muchos esos 20.000, sobre todo si piensas en los devoradores de hombres del Tsavo o de Wangingombe, o si has visto alguno muy cerca. Pero, señala Joubert, solo unos 4.000 son machos. Y, sin contar con los que masacran los furtivos, se cazan con licencia 600 de ellos al año, para trofeos, lo que provoca un declive imparable en las manadas, organizadas según un esquema familiar.

    Dereck y su mujer, Beverly Joubert, sudafricanos, llevan casi treinta años filmando leones e investigando su comportamiento en los grandes parajes del continente, sobre todo en Botsuana y Kenia. Exploradores en residencia de National Geographic, son autores de 22 filmes y diez libros, además de diversos artículos científicos y numerosos reportajes. Saben de leones. Quien firma este reportaje los ha visto desde su mismo todoterreno rastreando a los felinos en la sabana en emocionantes jornadas de garra y colmillo. Una vez, Dereck filmaba tan cerca de una cacería que se manchó de sangre; nunca ha sabido, dice, si quien pasó rozándolo mientras miraba por el objetivo ensimismado fue el búfalo o, ¡Dios santo!, el propio depredador.

    Hoy no estamos en los predios del león, ni se recortan en el inacabable horizonte las manadas infinitas de sus presas. Esto es París, no hay más leones que los de bronce que adornan algunas plazas o los de los relieves asirios del Louvre. Los Joubert han dejado sus escenarios salvajes para encender desde aquí la luz roja de advertencia sobre el terrible destino de las fieras.

    Beverly viste chic aunque conserva su sombrero. A Dereck se le nota más incómodo, a lo Cocodrilo Dundee en la ciudad. A su paso por el boulevard Saint Germain la gente se gira sin saber bien si se han cruzado con una versión asilvestrada de Karl Lagerfeld o con Buffalo Bill, regresado a la capital francesa con su Wild West Show más de un siglo después. La otra noche se proyectó en primicia en la Biblioteca Nacional de Francia el extraordinario filme de los Joubert Los últimos leones, acerca de una hembra, bautizada Ma di Tau («madre de leones», en tsuana) que lucha por la supervivencia en Duba, una isla en los pantanos del Okavango, en Botsuana, como una metáfora de su especie. Es una película de enorme dramatismo, con imágenes de los leones cazando en el agua y narrada en tono épico por Jeremy Irons -paradójicamente la voz de Scar, el león malo en El rey león-. La emite Nat Geo Wild (dial 130 de Canal +) y la siguen cada día hasta el domingo otras producciones sobre leopardos, pumas, jaguares, tigres, guepardos y la pantera nebulosa: una semana de fieras. El filme, acompañado por un libro, sirve de reclamo de la iniciativa Big Cats lanzada por los Joubert para tratar de salvar a los leones y a otros grandes felinos en peligro de extinción (incluye una campaña en Internet).

    Sentados en un café, les señalo a los Joubert si no les parecen muy crueles algunas escenas de su película -como la del cachorro de león arrastrándose con la espalda rota o la del búfalo con el befo colgando tras un mordisco-. «La naturaleza es indiferente, no cruel», salta Beverly. «No hay maldad en la naturaleza, solo en el hombre». Para amansar a los dos naturalistas les pregunto de qué le sirve la melena al león. Apunto que el gran George B. Schaller, autor del estudio definitivo sobre los leones (The Serengeti lion, 1972, un voluminoso tomo que llevo conmigo para impresionarlos), considera que puede ser un elemento de protección. «Hay muchas teorías, defensa, temperatura», responde Dereck mesándose su propia melena. «Mi opinión es que la usan como bandera, para que los reconozcan los demás». El especialista en leones alaba a Schaller (del que Altaïr ha publicado unos relatos memorialísticos maravillosos en Un naturalista y otras bestias) y su trabajo: «Nos conocemos y nos carteamos, es un gran zoólogo, inteligente y humilde, le consultamos muchas cosas; coincide con nosotros en el declive del león, como todos los expertos». La lectura de The Serengeti lion confirma muchas de las cosas que aparecen en el filme: abundan los leones tuertos, como Silver Eye, la infanticida y acerba rival de Ma di tau. Y la mortandad de cachorros es verdaderamente espeluznante (más del 67 %).

    Los Joubert subrayan que hoy existe un consenso absoluto entre los científicos sobre que los leones están cerca de la extinción. Sin embargo, recuerdan, se los puede seguir cazando legalmente en Tanzania, Zambia, Namibia, Zimbabwe y Sudáfrica. Otros países permiten la caza con restricciones y en otros no hay protección legal alguna. Son muy pocos los que han prohibido completamente cazarlos. La presión de los cazadores occidentales que pagan -y mucho- por su trofeo es tan grave, según los naturalistas, como la de los furtivos. «El león es el único felino realmente social y cuando matas a uno toda la manada se resiente», indican. «Hemos calculado que por un león cazado puedes perder veinte. Llevarte un león para colgarlo en la pared supone una tragedia colectiva. Pero no hay forma de que lo comprendan los cazadores, especialmente en los EE .UU. Muchos se creen Hemingway». Hay que ver el daño que ha hecho Verdes colinas de África, apunto. «No se dan cuenta de que los tiempos han cambiado. Cazar un león cuando se están extinguiendo ya no es un deporte cool».

    Dereck no entiende como muchos cazadores que afirman amar la naturaleza son capaces de matar a un león. «Es inconcebible, dicen ‘qué hermoso’, y le disparan, así, sin ningún remordimiento. Con una mirada que es difícil sostener si no eres un león, me reprocha como si yo esgrimiera un rifle .375 H&H y no un boli: «Hay muchos españoles en la caza mayor».

    ¿No está peor el tigre? «Quedan menos, efectivamente. Unos tres mil en estado salvaje. Pero desde el punto de vista de la conservación no es lo mismo perder un tigre que un león. El tigre no es social, viven de manera solitaria en territorios enormes y la muerte de uno no afecta de manera tan grave a la especie. Con muchos menos tigres puedes asegurar su pervivencia». El tigre, además, se encuentra mejor protegido legalmente. De hecho una de las iniciativas del proyecto Big Cats es lograr la equiparación de ambos. Poner al león africano en el Apéndice I de la Convención de Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) y no en el II como está ahora. «Que se prohíba ya cazar leones, como se ha prohibido cazar tigres».

    Una de las ideas iniciales de los Joubert era comprar licencias, es decir, pagar para salvar a leones condenados, pero ahora creen que la medida es insuficiente. Además de detener la caza legal, hay otros frentes. «Hay que preservar las áreas protegidas. Hace falta dinero para pagar compensaciones a las tribus que pierden su ganado en las garras de los leones y los matan por ello, pagarles la vaca muerta a precio de mercado. Y para educar a los masais y a los demás en la idea de que los leones no son una amenaza a sus intereses sino una fuente de riqueza». Otro gasto es en la protección de ganado. Dereck señala la posibilidad de colocar algún tipo de dispositivo electrónico en los leones que advierta de su presencia a las vacas. Salvar al león significa, destacan los Joubert, salvar a muchas otras especies, el ecosistema africano e incluso los parques naturales y a los propios africanos. «No olvidemos que el gran reclamo de los safaris fotográficos es los leones. Si dejara de haberlos, el turismo desaparecería. Nadie quiere ir a una reserva en África en la que no haya leones».

    Siempre quedarán los leones en cautividad. «No es lo mismo. A pesar de experiencias como la de la Elsa de Nacida libre, los leones no pueden ser reintroducidos con éxito en la naturaleza». Los Joubert están contra los zoos. «Hoy hay otras formas de observar animales, como las películas, incluso en 3D». En cuanto a los circos, «son una absurda extravagancia que ridiculiza y humilla a los animales». Estos, recalcan, «no están en el mundo para entretenernos», y se los debe ver en su medio en un ambiente de «celebración y respeto».

    En cambio, consideran que los gatos domésticos, tener uno, son una buena forma de aprender lo fascinantes que resultan los felinos. «Aprendes más de los leones observando a un gato que yendo al circo o al zoo. Entendiendo al gato, entiendes al león».

    http://www.madrimasd.org/ – ECOticias.com

    Fuente:http://www.ecoticias.com/naturaleza/61546/impiden-que-el-calor-entre-en-verano-y-se-escape-en-invierno-medio-ambiente-sostenibilidad-energias-renovables-noticias

     ENVIADO POR: ECOTICIAS.COM / RED / AGENCIAS, 13/02/2012, 12:47 H | (2932) VECES LEÍDA
  • Greenpeace da la bienvenida al estudio de la Comisión Europea que recomienda una mayor acción climática en la UE

    Según este documento, asumir un compromiso de reducción de emisiones del 30% para 2020 beneficiaría individualmente a todos los Estados miembros

    Reportaje – enero 30, 2012

    Greenpeace considera un paso muy positivo la aprobación y presentación esta mañana en Bruselas del análisis de la Comisión Europea sobre los costes y beneficios derivados de asumir mayores compromisos de acción climática (1).

     

    El documento demuestra que, pese a las inversiones requeridas para alcanzar mayores reducciones de emisiones para 2020, se obtienen beneficios económicos que compensan los costes anteriores en todos y cada uno de los Estados, mediante la implantación de diferentes medidas. Además coloca a la UE en su conjunto en una posición aventajada en la economía verde.

    El documento de trabajo presentado por la Comisión establece diferentes trayectorias para aumentar el actual compromiso europeo de reducción de emisiones de CO2 para 2020, del 20% al 30%. En él la Comisión analiza también tres formas de alcanzar el objetivo del 30% para 2020, a la vez que se refuerza el sistema de comercio de emisiones de la UE (2) y se establecen mecanismos para que los países de la Europa central y del este aborden la transformación de sus sistemas industriales, actualmente de alta intensidad energética.

    “La principal reticencia de los Estados que se negaban a asumir un mayor compromiso europeo en la reducción de emisiones eran los impactos que estas medidas podían conllevar individualmente. La Comisión ha demostrado hoy que estas medidas son ventajosas en cada uno de los Estados miembros y para el conjunto de la economía y de la política energética europea que requiere mayores cotas de independencia del exterior. No hay excusa para no aumentar la ambición climática en la UE o, mejor dicho, cualquier argumento de los Estados que -como España- no apoyan esta medida es, a la vista de este informe, una mala excusa”, ha declarado Aida Vila, responsable de la campaña de cambio climático y energía de Greenpeace.

    El análisis de la Comisión evalúa los impactos derivados de las medidas para alcanzar mayores reducciones de emisiones en cada Estado y concluye que, incluso en los países con menores ingresos de la UE, los beneficios compensan con creces el importe de las inversiones necesarias.

    Greenpeace valora muy positivamente este análisis y resalta las previsiones de la Comisión respecto a reforzar el sistema europeo de comercio de emisiones, algo que repercutiría en el aumento del precio de la tonelada de carbono y potenciaría las tecnologías bajas en carbono.

    La organización ecologista se ha referido a la moratoria al apoyo a las energías renovables, acordada el pasado viernes en Consejo de Ministros, como algo “incomprensible, en este contexto”. Greenpeace ha recordado que 2012 es el año internacional del acceso universal a la energía sostenible y que gobiernos e instituciones especializadas de todo el mundo están, precisamente, estudiando la forma de avanzar en la dirección contraria a la que lo hace España. La organización ecologista espera que, para el próximo 9 de marzo, cuando los ministros de medio ambiente de la UE discutirán el contenido del documento presentado hoy por la Comisión, España haya “entrado en razón”.

    Notas:

    [1] Documento de trabajo de la Comisión: ‘Analysis of options to move beyond 20 percent GHG emission reductions: member state results’ 

    [2] El precio de la tonelada de carbono en la UE alcanzó un mínimo histórico en diciembre de 2011, 6.58 euros, muy lejos de los 30 euros que la Comisión Europea había proyectado para 2020, en 2008. 

    Enlaces:

    Más allá de un compromiso europeo de reducción de emisiones del 20%. Análisis del documento de trabajo de la Comisión Europea ‘Analysis of options to move beyond 20% greenhouse gas emission reductions: Member State results’: 

    Fuente:http://www.greenpeace.org/espana/es/news/Greenpeace-da-la-bienvenida-al-estudio-de-la-Comision-Europea-que-recomienda-una-mayor-accion-climatica-en-la-UE/