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    BIOLOGÍA | Análisis de ADN antiguo

    La población de lince ibérico siempre fue escasa en la Península Ibérica

    Ejemplar de lince ibérico, en Doñana.|CSIC

    El estudio se ha hecho con 19 fósiles, alguno de hace 50.000 años

    Las estimaciones indican que nunca se superaron las 8.000 hembras

    El trabajo ayuda a determinar estrategias de conservación

    Rosa M. Tristán | Madrid

    Actualizado miércoles 24/08/2011 12:05 horas

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    Los linces ibéricos (‘Lynx pardinus’), los carnívoros más amenazados de Europa, sólo tienen un linaje genético, el mismo que ha mantenido la especie desde hace 50.000 años. Por tanto, esta escasa diversidad genética no es un peligro para su supervivencia, sino una consecuencia de la evolución del felino en la Penínula, según el trabajo publicado en la revista ‘Molecular Ecology’.

    Hasta ahora, los conservacionistas pensaban que la poca diversidad de linajes que hay en la actualidad se debía a las muertes y la escasa reproducción de los linces ibéricos provocados por la destrucción de su medio ambiente, que ha provocado que ahora no haya más de 270 ejemplares, en dos poblaciones aisladas del sur de la Península.

    De hecho, esta misma escasa diversiad del ADN la hay en otras especies de félidos, como los guepardos o los leones del cráter de Ngorongoro (Tanzania) y se atribuye también a ‘cuellos de botella’ originados por cambios ambientales durante la última glaciación o, también, por la actividad humana.

    El trabajo, realizado por investigadores españoles, se basa en las secuencias de ADN mitocondrial (ADNmt), que se hereda de las madres, rescatado de 19 fósiles de lince encontrados en varios yacimientos españoles del Pleistoceno y el Holoceno, además de restos que estaban en algunos museos. Los más antiguos son de hace 50.000.

    Según explica Juan Luis Arsuaga, director del Centro mixto UCM-Instituto de Salud Carlos III de Evolución y Comportamiento Humanos, se centraron en 183 pares de bases genéticas que están en una región que suele experimentar muchas mutaciones.

    Mucho conejo y pocas mutaciones

    «Fue una sorpresa comprobar que el mismo linaje existía hace 50.000 años y ahora. Una explicación podría ser la baja tasa de mutación, pero es poco verosímil. Lo más seguro es que la población siempre fue pequeña y las variaciones genéticas que se acumularon también», apunta Arsuaga a ELMUNDO.es.

    Lalueza-Fox, experto en secuenciar ADN antiguo, que ha analizado tres de los fósiles, argumenta que «uno de los factores que pudo limitar su número fue su excesiva especialización en una comida concreta, el conejo, del que aún depende, así como encontrarse en un área geográfica restringida, porque al otro lado de los Pirineos había, y hay, otra especie de lince».

    Se cree que el ambas ramas, la Ibérica y la Euroasiática, se separaron hace entre 1,6 y 1,2 millone de años, después de que llegara su ancestro común desde Norteamérica o desde África, algo que aún no se sabe con certeza.

    En total, los investigadores estiman que no llegó a haber más de 8.000 hembras de lince ibérico en su momento más álgido. Aunque la escasa variación genética podría haber aumentado el peligro de extinción, porque hace a la especie vulnerable a cualquier cambio ambiental o a las enfermedades, lo cierto es que lograron sobrevivir.

    Un factor de riesgo menos

    «Es una buena noticia porque aporta el dato optimista de que si una especie se extingue no se debe a que haya un linaje genético, no es un factor de riesgo. Además, la genética nos aporta datos de relaciones entre poblaciones en el pasado que no podemos ver en los fósiles», apunta el paleontólogo.

    Según Love Dalén, del Museo de Historia Nacional de Suecia, «estos datos podrían ayudar a los biólogos conservacionistas a determinar qué tamaño debe tener una población para que su supervivencia esté asegurada a largo plazo, un debate que afect a los grandes carnívoros».

    En definitiva, como concluye Cristina Valdiosera, compañera de Arsuaga en el Instituto, «la falta de variedad genética de los linces actuales no debe ser un obstáculo para las actividades de conservación». El problema no está en los genes, sino en cómo está de cuidado su ‘hogar’.

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    Fuente:http://www.elmundo.es/elmundo/2011/08/22/ciencia/1314026861.html